El Umbral del Milagro: Cuando el ego se rinde al Dictado
- Cecilia Castromil

- 8 abr
- 2 min de lectura
Actualizado: 20 jul
Muchas veces creemos que para recibir un milagro o escuchar la Voz de Dios tenemos que ser seres perfectos, ya iluminados. Sin embargo, la historia de cómo comenzó a escribirse Un Curso de Milagros nos cuenta algo muy distinto. Fue un proceso humano, lleno de resistencias, interferencias y, sobre todo, de una decisión final de servicio.
La nostalgia oculta por el alma
En el invierno de 1965, Helen Schucman —quien se definía como una atea militante— empezó a experimentar lo que ella llamaba "algo inesperado". Aunque su mente intelectual luchaba, en su diario brotaban reflexiones que hoy nos estremecen:
"Creo que, bajo la proyección y todas esas cosas, hay una nostalgia oculta por el Alma. Queremos recuperarla para identificarnos con Ella porque eso es lo que somos realmente, y en algún lugar lo sabemos".
Era el inicio de un "aceleramiento celestial". Helen no estaba haciendo algo por su cuenta; estaba cumpliendo un acuerdo que su Alma había hecho mucho antes de nacer.
Las interferencias: ¿Por qué no escuchamos?
En esos días previos al 21 de octubre, Jesús le marcó a Helen (a través de las dudas de su compañero Bill Thetford) cuáles son los obstáculos reales para recibir Guía. Son los mismos que hoy nos frenan en la Escuela:
Falta de confianza: No reclamar el milagro como un derecho de nacimiento.
Hacerlo personal: Cuando nos preocupamos por el "cómo" o el "cuándo" desde el ego, generamos duda.
Falta de concentración: Una mente que revolotea demasiado no puede escuchar el Silencio.
La trampa de la "Exclusividad"
Hubo un momento crítico. Helen recibió un mensaje que sonaba "cortante" y "pesado", diciendo que ella no debía ayudar a Bill con su lista de personas. Jesús la detuvo en seco con un "Stop" y un "Tené cuidado".
¿Qué había pasado? El ego de Helen había intentado apropiarse del don. Ella misma lo admitió después: “Prefería la idea exclusiva”. Quería que el manantial fuera solo para ella. Pero la Voz fue clara: este no es un regalo egoísta. El milagro solo es real cuando se usa para otros.
El nacimiento del primer milagro
Una vez que Helen reconoció su resistencia y decidió que su don era para compartirlo (especialmente con Bill), la barrera se desplomó. El 21 de octubre, la Voz pudo finalmente decir:
"Verás milagros a través de tus manos a través de Mí".
Esa fue la primera línea de lo que hoy conocemos como los Principios de los Milagros.

Como la estrella de mar que Helen rescató en la arena, todos nosotros estamos en ese proceso de regresar a nuestro elemento: la integridad del Océano.
El blog de nuestra Escuela Mar de Milagros nace de esa misma entrega.
No escribo porque sea especial, sino porque, al igual que Helen, decidí que ya no quiero que este regalo sea "exclusivo". Quiero que, juntos, veamos esos milagros a través de nuestras manos.
Cecilia.




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