La Contabilidad del Ego: ¿Amor o Libreta de Deudas?
- Cecilia Castromil

- 3 may
- 2 min de lectura
A veces, un simple malentendido doméstico o un gesto cotidiano es suficiente para que el ego intente derribar el altar de paz que tanto nos costó construir. No es el hecho en sí lo que duele, sino la interpretación que nuestra mente hace de ese hecho.
En las relaciones que el Curso llama 'especiales', el ego funciona como un cobrador de impuestos. Siempre tiene un archivo guardado con errores del pasado, ofensas de hace años o deudas emocionales que nunca terminan de cancelarse. Cuando el conflicto estalla, el ego no discute por lo que pasa hoy; discute por todo lo que acumuló para tener 'razón' y exigir que el otro pague.
Creemos erróneamente que si el otro 'paga' con su angustia o su arrepentimiento, nuestro dolor sanará. Pero la paz que nace del castigo ajeno no es paz, es solo una tregua del ego.
"Nadie puede ser libre mientras vea a su hermano como un prisionero. Pues aquel que está encadenado a un prisionero no puede sino ser un prisionero también"
(T-19.IV.B.10:1-2)
La Relación Santa comienza cuando uno de los dos decide cerrar el libro de contabilidad. Declararse insolvente ante las demandas del ego significa decir: 'Ya no juego al juego de quién debe a quién'. No es que ignoremos lo vivido, es que elegimos reconocer que la inocencia de este instante es más real que cualquier memoria de dolor.
Hoy te invito a que mires a esa persona con la que sentís que hay una 'cuenta pendiente' y te digas: 'Tu libertad es la mía'. Al soltar la necesidad de que el otro pague, nos permitimos entrar juntos al círculo de paz donde el pasado ya no tiene poder. El amor no lleva la cuenta de las ofensas; el amor simplemente reconoce que nunca hubo separación.
Llegar a este punto de 'insolvencia espiritual' no fue un proceso azaroso. Me tomó casi tres décadas de estudio y práctica reconocer que la verdadera maestría no reside en el esfuerzo de la voluntad personal por 'ser mejor', sino en el triunfo de aceptar la Voluntad del Padre. Mi trabajo interno fue aprender a quietar el ruido del ego lo suficiente como para permitir que Su Voluntad de amor operara a través de mí. Ver la santidad en medio de un reproche no es un logro de mi personalidad humana; es el resultado de haber rendido mis armas y aceptado que mi única función es la paz que Él ya me dio.
No te pido que hagas sacrificios, sino que abandones la voluntad de sacrificio".

(T-15.XI.1)
Al final del camino, la única respuesta es la entrega. Hoy no elijo tener razón, elijo tener paz. Por eso, cierro este espacio con una ofrenda que brota de lo más profundo de mi práctica:
'Que la paz de Dios descanse sobre ti, y que Su Voluntad —que es la nuestra— sea lo único que veamos hoy'. Pongo este día (y esta relación) en Tus manos Padre, para que Tu Voluntad repose sobre nosotros y nos guíe de regreso a la paz. Amén.
Cecilia




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